Hoy hemos de meditar por qué el Señor nos envía como corderos en medio de lobos. ¿Qué se puede esperar de esta situación? No parece necesario esforzarnos mucho para entender que seremos rodeados y hostilizados, cuando no devorados. Porque ¿qué otra cosa quiere un lobo, sino comerse a los corderos?
Ahora que, ¿debemos dejarnos comer? No. El Señor nos anticipa que el comprende el grado de dificultad al que nos expone. Él mismo nos lo da a conocer. Pero de allí no podemos concluir en que es mejor que no vayamos, aunque nuestro natural temor y cobardía nos lo aconsejen.
«Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia.» Jesús le contestó: «El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios.»
Miércoles 26ª semana del T. Ordinario| 04 de octubre del 2023 | Por Miguel Damiani
El Señor es sumamente exigente cuando llama. No se trata de una misión opcional. Es excluyente y prioritaria. No basta con decir te seguiré. Es preciso que nuestros actos acompañen a nuestras palabras. Porque, tal como solemos decir: el infierno está empedrado de buenas intenciones.
En tanto las palabras no sea acompañadas de acciones contundentes y efectivas, de poco sirven. Examinémonos pues cada día. ¡Qué fácil es decir te seguiré! Pero no señalamos hora, ni fecha, ni cómo. El Señor requiere nuestro compromiso concreto e inmediato.
Hay un proyecto para acabar con la pureza, para corromper a los niños desde la más tierna infancia. Para perder sus almas. La academia se ha plagado de ideas anticristianas, progresistas. Los enemigos de la verdad han avanzado mucho. Están mal formando a los niños. Los psicólogos encuentran niñas adictas a la masturbación o niños violando a otros niños.
La Agenda se impone inexorablemente en todo el planeta. Aparentemente dan pasos atrás en algún momento, pero la implementación de la ideología de género sigue imparable. Siguen adelante. Los niños juegan a “yenquempó” para ver quien le hace sexo oral al otro. Mientras tanto, la mirada de los directores y de los padres de familia está en otra cosa.