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Lucas 16,19-31 – tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite

Texto del evangelio Lc 16,19-31 – tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite

19. «Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas.
20. Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas,
21. deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico… pero hasta los perros venían y le lamían las llagas.
22. Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado.
23. «Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.
24. Y, gritando, dijo: «Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama.»
25. Pero Abraham le dijo: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado.
26. Y además, entre nosotros y ustedes se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a ustedes, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros.»
27. «Replicó: «Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre,
28. porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento.»
29. Díjole Abraham: «Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan.»
30. El dijo: «No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán.»
31. Le contestó: «Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite.»»

Reflexión: Lc 16,19-31

Estamos muy tristes y apenados. Tenemos un gran amigo, como no tendremos otro igual. Siempre acudió en nuestro auxilio y estuvo en primera fila cuando hubo que sacar el pecho por nosotros. No tuvo el menor reparo en sufrir ataques e insultos que iban dirigidos a nosotros. Podemos recordar que incluso una vez tuvo el coraje de auto inculparse cuando venía por nosotros, por una serie de motivos no muy claros, pero que determinarían la expulsión de nuestra comunidad, con la amenaza incluso de una pena más drástica. Cómo olvidar que a pesar de eso jamás salió una palabra de reproche de sus labios y por el contrario, siempre tuvo palabras de aliento para nosotros, llevándonos a tener en cuenta que finalmente todo esto pasaría y que en un futuro no muy lejano reiríamos juntos recordando lo ocurrido como una anécdota. Siempre nos animaba a resistir, confiando en que el temporal finalmente pasaría y nosotros teníamos que ir más allá, todo cuanto nos dieran nuestras fuerzas y nuestra capacidad. ¿Cuántas veces no sabemos ni de dónde, compartió con nosotros una sabrosa cena y alguna que otra vez el chocolate caliente que tanto nos gustaba en las tardes de invierno? Nos acompañó a lugares que nadie hubiera tenido el coraje para hacerlo y solidario como él solo, nos esperó pacientemente hasta que hubiéramos vuelto, sin preguntarnos ni reprocharnos nada. Nos entendía tan bien. Una sola mirada bastaba para que supiera que éramos felices o que estábamos tristes; entonces, hacía cualquier cosa por consolarnos, incluso dejarnos dormir entre sus brazos, sin reclamar nunca por alguna pose incómoda o por falta de abrigo y mucho menos por algún plan que tenía y que hubiéramos estropeado. Él siempre estuvo allí para nosotros, cuando más lo necesitábamos. Por eso hoy, que fuimos a visitarlo, nos dolió tanto encontrarlo solitario, olvidado, sin nadie con quien conversar y sin nadie que lo recuerde. ¿Qué pasó con todos sus amigos? Porque nosotros no éramos los únicos. ¿Cuántas veces nos pusimos celosos por la forma en que trataba a otros, como si ellos sí fueran sus verdaderos amigos? Sin embargo, no pasaba un segundo sin volver a mirarnos y abrazarnos, como si fuéramos únicos e insustituibles. ¡Qué complicidad, qué ternura! …si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán. Le contestó: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite.

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Mateo 20,17-28 – el primero entre ustedes

Texto del evangelio Mt 20,17-28 – el primero entre ustedes

17. Cuando iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomó aparte a los Doce, y les dijo por el camino:
18. «Miren que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y escribas; le condenarán a muerte
19. y le entregarán a los gentiles, para burlarse de él, azotarle y crucificarle, y al tercer día resucitará.
20. Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo.
21. El le dijo: «¿Qué quieres?» Dícele ella: «Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino.»
22. Replicó Jesús: «No saben lo que piden. ¿Pueden beber la copa que yo voy a beber?» Dícenle: «Sí, podemos.»
23. Díceles: «Mi copa, sí la beberán; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre.
24. Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos.
25. Mas Jesús los llamó y dijo: «Saben que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder.
26. No ha de ser así entre ustedes, sino que el que quiera llegar a ser grande entre ustedes, será su servidor,
27. y el que quiera ser el primero entre ustedes, será su esclavo;
28. de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.»

Reflexión: Mt 20,17-28

Definitivamente el orden en el Cielo es distinto al nuestro. ¿Por qué? ¿Es un capricho de Dios? ¡No! El capricho es nuestro. Nosotros hemos querido poner un orden distinto al que Dios estableció, que es el CORRECTO. Es decir que todo ha sido dispuesto por Dios para Bien y beneficio nuestro y de toda su Creación. Dios nos creó para Vivir Eternamente y ser felices. Así debía funcionar todo, si hubiéramos obedecido el Orden que Él dispuso, pero no fue así. Nosotros, haciendo mal uso de nuestra libertad –porque fuimos creados LIBRES- hicimos lo que nos vino en gana y estos son los resultados. Donde decía verdad, pusimos mentira; donde decía honestidad, pusimos engaño; donde decía humildad, pusimos orgullo, vanidad y soberbia; donde decía virtud, pusimos maldad…donde decía vida, pusimos muerte; donde decía paz, pusimos violencia; donde decía amor, pusimos odio; donde decía Dios, pusimos Dinero…Y, así sucesivamente. Esto es lo que hemos hecho por cientos y aun miles de años. Ponte los zapatos al revés: tal vez los soportes un día, pero ¿toda la vida? Terminarás malográndote los pies e incluso las caderas y hasta la columna; perderás tu capacidad para andar rígido y tal como debías, erguido y cómodo. Eso mismo hicimos nosotros. Mal utilizamos la libertad; en otras palabras, caímos en el libertinaje, porque es así como se llama con propiedad el mal uso de la libertad a sabiendas. ¿Cuáles fueron los resultados? La sociedad monstruosa en la que vivimos. Tal vez el ejemplo más crudo y real lo encontremos en la vacas con una ubres descomunales, o en los pollos a los que les reventamos los ojos para que no diferencien el día de la noche y coman todo el día para engordar más rápido, para estar disponibles en más corto tiempo para ser comercializados. Hay millones de ejemplos de este tipo, de cómo hemos distorsionado todo para ajustarlo a nuestro capricho, en lugar de hacer lo que Dios estableció y siempre supimos en nuestro interior. No ha de ser así entre ustedes, sino que el que quiera llegar a ser grande entre ustedes, será su servidor, y el que quiera ser el primero entre ustedes, será su esclavo…

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Mateo 23,1-12 – no imiten su conducta

Texto del evangelio Mt 23,1-12 – no imiten su conducta

1. Entonces Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos
2. y les dijo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos.
3. Hagan, pues, y observen todo lo que les digan; pero no imiten su conducta, porque dicen y no hacen.
4. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas.
5. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto;
6. quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas,
7. que se les salude en las plazas y que la gente les llame «Rabbí».
8. «Ustedes, en cambio, no se dejen llamar «Rabbí», porque uno solo es su Maestro; y ustedes son todos hermanos.
9. Ni llamen a nadie «Padre» de ustedes en la tierra, porque uno solo es su Padre: el del cielo.
10. Ni tampoco se dejen llamar «Directores», porque uno solo es su Director: el Cristo.
11. El mayor entre ustedes será su servidor.
12. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.

Reflexión: Mt 23,1-12

Es una crítica muy dura la que lanza hoy el Señor, especialmente a todos los que nos hemos instalado en lugares distinguidos y de honor a causa de “nuestros pergaminos”. Cuando reflexionamos esta lectura, como la mayoría de sermones de Cristo, tendemos a ponernos en el medio, entre Él y aquellos a quienes se dirige, como si fuéramos árbitros o estuviéramos exentos de tal crítica, como si ella no nos alcanzara por algún motivo que, de cualquier modo, nos hace inimputables, ya sea nuestra ignorancia o nuestra “sencillez” o nuestra “modesta” posición. Siempre tendemos a excluirnos y a señalar a los demás. Son los otros los que tienen la culpa, los que deben cambiar, los que no entienden. O en todo caso, son aquella gente mala y realmente aborrecible de los tiempos de Jesús, es decir, personas que por sus cargos y ocupaciones representaban el poder en aquel entonces: escribas, sacerdotes y fariseos…personajes que no vemos en la actualidad. Ni los sacerdotes, ni los religiosos o religiosas actuales se sienten parte del grupo señalado por Jesús: qué diremos de los políticos, ni lo oyen y si lo hicieran, no estarían capacitados para verse reflejados de ningún modo, puesto que ni se les nombra abiertamente; y sin embargo es a todos estos a los que de modo muy especial se está refiriendo aquí Jesús, a los líderes actuales, a los que dirigen sociedades e instituciones, a los que norman, a los “dueños de la legalidad y la verdad”. En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Hagan, pues, y observen todo lo que les digan; pero no imiten su conducta, porque dicen y no hacen.

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Mateo 16,13-19 – sobre esta piedra edificaré mi Iglesia

Texto del evangelio Mt 16,13-19 – sobre esta piedra edificaré mi Iglesia

13. Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?»
14. Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas.»
15. Díceles él: «Y ustedes ¿quién dicen que soy yo?»
16. Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.»
17. Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
18. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.
19. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»

Reflexión: Mt 16,13-19

¿Cuánta controversia y cuanta discusión han causado estos versículos sobre todo para los detractores de la Iglesia Católica, que se resisten a ver en ellos un anticipo de la Voluntad del Señor respecto a Pedro, sus demás discípulos y la Iglesia. Jesús mismo lo menciona como una revelación del mismo rango, calibre o tamaño de la revelación que le permite a Pedro proclamar a Jesús como el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Como dice Jesús, esto no estaría al alcance del conocimiento de Pedro si no fuera porque Dios mismo así se lo ha revelado; Él lo ha querido así; Él lo ha dispuesto así. Del mismo modo, bajo las mismas circunstancias y por los mismos motivos Jesucristo le revela a Pedro quién es él y cuál será su papel y función en Su Iglesia, la Iglesia de Cristo, sobre la cual no podrán las fuerzas del mal. El pequeño discurso que pronuncia Jesucristo es preciso y muy rico en revelaciones. En Jesús no hay desperdicio. Él está respondiendo a lo que Pedro acaba de afirmar como resultado de una revelación recibida, con otra revelación que procede de la misma Divinidad y tiene que ver con la Voluntad de Dios y la Misión que se le ha encomendado. Es en torno a Pedro, a quien Dios Padre ha querido revelar la Verdad, que se edificará Su Iglesia. ¿Quiénes la conforman y con qué criterio, no lo dice, pero se puede suponer que será dilucidado dinámicamente a través del canal permanente de diálogo abierto por Dios con Pedro, el escogido. El Demonio no podrá contra la Iglesia que queda confiada a las manos de Pedro, que no es cualquiera, sino a quien Dios ha querido Revelarse y a quien con esa confianza le ha delegado el atar y desatar, a tal extremo que lo que ate o desate, será replicado en el cielo. ¡Qué poderosas palabras cuya amplitud y profundidad jamás llegaremos a comprender plenamente! Parece tanto, que inmediatamente estamos dispuestos a dudar e interpretar poniendo en tela de juicio su importancia y significado. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

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Lucas 9,28b-36 – Este es mi Hijo

Texto del evangelio Lc 9,28b-36 – Este es mi Hijo

28. Sucedió que unos ocho días después de estas palabras, tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y subió al monte a orar.
29. Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante,
30. y he aquí que conversaban con él dos hombres, que eran Moisés y Elías;
31. los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén.
32. Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero permanecían despiertos, y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él.
33. Y sucedió que, al separarse ellos de él, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías», sin saber lo que decía.
34. Estaba diciendo estas cosas cuando se formó una nube y los cubrió con su sombra; y al entrar en la nube, se llenaron de temor.
35. Y vino una voz desde la nube, que decía: « Este es mi Hijo, mi Elegido; escúchenle.»
36. Y cuando la voz hubo sonado, se encontró Jesús solo. Ellos callaron y, por aquellos días, no dijeron a nadie nada de lo que habían visto.

Reflexión: Lc 9,28b-36

Estamos frente a un episodio único en el Nuevo Testamento. Que recordemos solo hay otro en el que se oye la voz del Padre y es en el Jordán, cuando Jesús es bautizado. Aquí, a ojos de tres discípulos elegidos, que tiene el privilegio de asistir a este encuentro, por unos momentos Cielo y Tierra se unen, en una convergencia nunca antes vista, dejando deslumbrados a los discípulos invitados a atestiguar semejante encuentro. No hay palabras para describirlo. Tan es así que los testigos no dijeron nada a nadie de lo que habían visto. Pongámonos en sus zapatos. ¿Qué diríamos? No hay forma de describirlo. Las palabras se quedan cortas; no alcanzan. Pecando de audaces nos atrevemos a aventurar, sin ánimo de explicarlo, ni abarcar este evento, que asistimos a una apertura en el tiempo y el espacio, en el que Jesús se encuentra con dos personajes distantes varios siglos entre sí y con Él, que desafían toda lógica y realidad conocida. Es algo indescriptible y si el encuentro tiene estos ribetes, imaginemos las vestimentas y todo a su alrededor. Los discípulos no podían dormir, a pesar del sueño que los invadía y es que estaban viendo a Jesús en Su Gloria. Al menos es lo que ellos alcanzaron a comunicar, pero es tal el asombro y el ambiente que los envuelve, tal la sensación de bienestar, que quieren armar unas carpas para quedarse allí. Era un lugar que invitaba a la contemplación: sin tiempo, sin espacio, sin apuro, sin preocupación ni ansiedad alguna. Pocas veces habremos sentido algo semejante, sin embargo hemos tenido encuentros con Dios en nuestras vidas que permiten aproximarnos a aquella sensación, por eso podemos atrevernos a imaginar. Pero nunca hemos escuchado el estruendo de esa voz de Dios, que habla con cariño y al mismo tiempo con autoridad y un inconfundible acento en la Verdad, como solamente Él puede hacerlo, brotando de todo lado, incluso de nuestro interior. La voz de Dios lo penetra todo y hace prácticamente imposible desprendernos de Su vibración que pone en actividad cada una de nuestras células, ordenándolas y poniéndolas en acción al unísono en una misma dirección y con el mismo propósito. Es el mismo Dios que nos habla y nos dice lo que debemos hacer. Y vino una voz desde la nube, que decía: « Este es mi Hijo, mi Elegido; escúchenle.»

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Mateo 5,43-48 – sean perfectos

Texto del evangelio Mt 5,43-48 – sean perfectos

43. «Han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo.
44. Pues yo les digo: Amen a sus enemigos y rueguen por los que los persigan,
45. para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos.
46. Porque si aman a los que los aman, ¿qué recompensa van a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos?
47. Y si no saludan más que a sus hermanos, ¿qué hacen de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles?
48. Ustedes, pues, sean perfectos como es perfecto su Padre celestial.

Reflexión: Mt 5,43-48

¿En qué consiste la perfección a la que nos invita Jesucristo? Ver al mundo y razonarlo todo desde otra perspectiva, en la que no descartemos a aquellos que no nos quieren o que nos odian, sino que por el contrario tratemos de incluirlos. Se trata de desarrollar un comportamiento inusual y generalmente inaceptable para nuestros pares y sin embargo exigido por Dios. ¿Cuántas veces quedamos con colegas, compañeros de trabajo e incluso amigos en algo que luego no se cumple, porque alguien falta a su compromiso? Precisamente hoy tuve que hacer un viaje de cerca de una hora tomando dos conexiones para llegar a una reunión a la que no asistió ninguno de los dos colegas con los que habíamos quedado. Ambos se disculparon con sendas excusas, y no sentí el menor remordimiento en ellos por haberme hecho perder casi dos horas en ir y volver de este lugar. ¿Cuál fue mi reacción? A cada uno de ellos a su turno, cuando me estaban dando sus explicaciones, les colgué sin despedirme, muy molesto. Creo que tenía razón para sentirme así, sin embargo, tendría que haberme controlado, procurando un mejor final, porque aun sin ser enemigos, se ha deteriorado la relación, porque a su poco cortés comportamiento se ha sumado el mío. Y si bien este no es un asunto tan grave, que vaya a terminar con nuestra relación, ya hay un disgusto que nos predispone a actuar de otro modo. Y esto es lo que debemos evitar. Para aspirar a ser perfectos, tenemos que esforzarnos por ver toda situación de este tipo, desde la otra perspectiva, respetando a nuestros hermanos, perdonándoles y olvidando, tratándolos con la esperanza implícita que todo haya sido perdonado, olvidado y que se habrá de producir un cambio, que al menos nosotros estamos dispuestos a llevarlo adelante, de lo cual damos evidencia con nuestra actitud. Saludamos y con nuestra actitud mostramos que nos estamos esforzando por impedir que se afiance la enemistad, que podemos y estamos dispuestos a sobreponernos y limar asperezas. Ustedes, pues, sean perfectos como es perfecto su Padre celestial.

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Mateo 5,20-26 – vete primero a reconciliarte con tu hermano

Texto del evangelio Mt 5,20-26 – vete primero a reconciliarte con tu hermano

20. «Porque les digo que, si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.
21. «Han oído que se dijo a los antepasados: No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal.
22. Pues yo les digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano «imbécil», será reo ante el Sanedrín; y el que le llame «renegado», será reo de la gehenna de fuego.
23. Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti,
24. deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda.
25. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel.
26. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.

Reflexión: Mt 5,20-26

Nuestra suerte no está de ninguna manera desligada de la de nuestros hermanos. ¡Somos responsables por ellos! Así que, si hay alguien en tu barrio, en tu pueblo, en tu ciudad, en tu país y aun en el mundo que con su cinismo y maldad hace daño a los más humildes o a los indefensos, tenemos el deber de actuar astuta y eficientemente para persuadir por medios pacíficos que se abstenga de tal proceder, porque no le está permitido a nadie abusar, ni faltar a los demás. Hemos de obrar con mucha prudencia a fin de no desatar mayor violencia, porque esta solo acarrea mayor violencia y por ningún motivo debemos hacer que esta se incremente y potencie, sino todo lo contrario. Muchas veces es preciso sacrificar algo de nuestra parte, con tal de lograr mayor comprensión y empatía, tal como acabamos de verlo hacer al Papa Francisco en México, donde no se ha cansado de pedir perdón tato a los pueblos indígenas, tradicionalmente marginados y mal tratados, como a los presos, a quienes ha pedido perdón por no saber responder a sus necesidades y demandas. Él se ha echado sobre sus espaldas y por lo tanto también sobre las espaldas de la Iglesia, la responsabilidad por el maltrato violento y sistemático del que han sido víctimas los indígenas mexicanos y con ellos, los de toda América India. Esto es lo propio de un líder cristiano, como es el Papa. Este es un gesto que debía ser imitado por los poderes políticos de turno de cada uno de los países latinos, que solo han sabido contribuir al maltrato y explotación indiferente de los pueblos aborígenes, despojándolos de sus tierras y de los recursos mínimos para subsistir. No otra cosa fueron las guerras de conquista, las colonias y los virreinatos. Y tras poco más de dos siglos de independencia en promedio, las oligarquías y las cúpulas políticas de estos países han mantenido la misma situación de opresión y explotación, en beneficio de los privilegiados que ostentan el poder, cada quien a su turno, perennizando las diferencias injustas impuestas por la conquista…deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda.

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Mateo 7,7-12 – todo cuanto quieran que les hagan

Texto del evangelio Mt 7,7-12 – todo cuanto quieran que les hagan

7. «Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá.
8. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
9. ¿O hay acaso alguno entre ustedes que al hijo que le pide pan le dé una piedra;
10. o si le pide un pez, le dé una culebra?
11. Si, pues, ustedes, siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!
12. «Por tanto, todo cuanto quieran que les hagan los hombres, háganselo también ustedes a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas.

Reflexión: Mt 7,7-12

Esta es la ley del talión, el ojo por ojo, pero al revés. Tan es cierto que el mismo Señor sentencia al final: esta es la Ley y los Profetas. Nos llama mucho la atención, porque el Señor no usa las palabras de cualquier manera, sino con una intención. Y resulta que cuando resume todos los mandamientos en “amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos”, termina con la misma frase. No es casual, sino que le está dando el mismo rango, la misma categoría a esta oración. En otras palabras, podemos entender que: todo cuanto quieran que les hagan los hombres, háganselo también ustedes es otra forma de formular el resumen de los Mandamientos. Ha de ser así, sino no lo diría. Hagamos el esfuerzo de reflexionar y descubrir esta similitud. Veamos, no es normal que alguien actúe contra sus intereses, contra sí mismo, aunque algunas personalidades patológicas como los masoquistas tal vez podrían hacerlo, pero se trataría de una excepción y de un comportamiento inesperado y censurable. Lo más natural es que procuremos lo mejor para nosotros y que esperemos que así nos traten los demás. Si eso es lo que nos gustaría, pues de ese mismo modo debemos tratar a nuestro prójimo, que no es sino otra forma de decir que lo amemos como a nosotros mismos. Por tanto, todo cuanto quieran que les hagan los hombres, háganselo también ustedes a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas.

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