«Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón…”
Domingo 12do del T. Ordinario | 24 de Junio del 2018 | Por Miguel Damiani
Nosotros, con tantas películas fantásticas, pasamos por alto algunos acontecimientos asombrosos como los que se relatan en este Evangelio. Acostumbrados a ver en cine, televisión y toda clase de dispositivos digitales las escenas más increíbles, poco nos llama la atención.
Junto con todas las bondades de las comunicaciones y el procesamiento de imágenes, hemos de reconocer que nuestra capacidad de asombro ha ido menguando paulatinamente. ¿Cuánta sangre y cuántos asesinatos vemos a diario?
Deben ser estas palabras las que ocasionaron tanta condena y rechazo a Jesús. Si nosotros, los que nos reconocemos como cristianos, tenemos muchas dificultades para llevarlas a la práctica ¿qué podemos esperar de quienes se resisten a oír?
El llamado que el Señor nos hace a la fe es constantes y reiterativo, en diferentes formas y circunstancias, pero siempre nos las ingeniamos para dar vuelta a su mensaje y hacer que nos diga otra cosa distinta a la que todos pueden oír, es que no queremos escucharle.
Aunque no siempre estemos dispuestos a admitirlo, en general nos consideramos infalibles. Nuestras opiniones son las más doctas que existen y no toleramos que nadie nos venga a enmendar aquello en lo que nosotros creemos. Afirmamos: esta es “mi” verdad y punto.
Acusamos con mucha facilidad a los demás de fundamentalistas, sobre todo si están defendiendo ideas religiosas; peor aún si son cristianas. Difícilmente tomamos conciencia de la actitud intolerante que asumimos. Nos negamos a aceptarlo, porque son los otros los que están equivocados.
Santificar es venerar, respetar en grado sumo, enaltecer, reconocer el lugar por sobre todo lugar que ocupa el Nombre de Dios. Solo podemos santificar si en realidad hacemos el esfuerzo por comprender quién es Dios, no solo para nosotros, sino para el mundo.
Muchas veces antes hemos pedido detenernos por un momento, abstrayéndonos de todo otro pensamiento, para reflexionar única y exclusivamente en Dios. ¿Quién es Dios? ¿Qué significa Dios en nuestras vidas y en la Creación?
“Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.»
Miércoles 11ra Semana del T. Ordinario | 20 de Junio de 2018 | Por Miguel Damiani
Con mucha frecuencia actuamos por conseguir reconocimiento. Esa es la forma en que nos comportamos en este mundo. No soportamos que nuestro esfuerzo pase desapercibido, sobre todo por aquellos con quienes queremos quedar bien.
Nos movemos según la lógica de la transacción. Si yo te doy algo, ¿tú qué me darás a cambio? Como solemos decir para graficar este hecho de modo muy crudo: todo tiene su precio. Esto es al final de cuentas lo que sostenemos consciente o inconscientemente.
“Amen a sus enemigos y rueguen por los que los persigan, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos.”
Martes de la 11ra Semana de T. Ordinario | 19 de Junio del 2018 | Por Miguel Damiani
La mitad de lo que nos manda hacer el Señor es difícil; la otra mitad es imposible. Habrá quienes piensen que estamos locos, pero seamos honestos: ¿cuántos de nosotros estamos dispuestos a saludar a nuestros enemigos y encima orar por ellos?
No salgamos al paso con una respuesta ideal, sino sincera y real. Reflexionemos por un momento y recordemos a aquellas personas que más daño nos han hecho en nuestras vidas: ¿Estarías dispuesto o dispuesta a darle la mano?
¡Qué difícil resulta poner en práctica estos mandatos de Jesús! Debemos confesar que con mucha frecuencia enmendamos nuestro proceder porque nos pillamos contrademandando. Muy rápidamente alcanzamos nuestro límite y devolvemos el ataque.
La vida matrimonial, mientras más tiempo dura, es el escenario permanente para poner en juego y acrisolar las virtudes. Sus exigencias no tienen límites. Cuando crees haberlo soportado todo, surge una nueva demanda que lejos de reconocer tu sacrificio anterior prácticamente lo desconoce para exigirte en un nivel superior.
“El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo.”
Domingo 11ra Semana del T. Ordinario | 17 de Junio del 2018 | Por Miguel Damiani
El Reino de Dios es un Don del que Él mismo ha querido hacernos partícipes. Nosotros debemos tener confianza y esperanza en Él puesto que ha sido Su Voluntad sembrarlo entre nosotros, para que un día todos podamos gozar de él.
Una vez plantado por Jesucristo, como toda obra de Dios, llegará a cumplir el cometido para el cual fue creado. Nosotros no lo podemos ver, pero va creciendo día y noche, como la semilla que siembra el labrador, hasta que un día de frutos y finalmente haya que cegarla.